Lucenses en su rincón: Gerardo Pardo de Vera

Publicado o sabado 06 febreiro 2010

Fuente: La Voz de Galicia (06/2/2010)

Con Gerardo Pardo de Vera todos los tópicos dejan de serlo para convertirse en verdades. Y el primero es que desciende de la pata del Cid, aunque no por estirado, que no lo es (más bien todo lo contrario), sino porque entre sus ascendientes nobles figura Sancho III de Navarra, y uno de los infantes de Navarra estaba casado con una hija del más legendario de los caballeros. Su mapa genealógico es como el plan de vuelo de un avión de una aerolínea de bajo coste, que lo abarca todo, aunque el lo justifica afirmando que todos tenemos ocho bisabuelos. Los suyos, por supuesto de familias con blasones, procedían de Becerreá, Sarria, El Bierzo, Baralla, Lugo, Vera de Bidasoa y Sevilla.

Gerardo es un bon vivant que desde estudiante aprovechó la situación familiar de desahogo económico para exprimirle todo el jugo posible a la vida picando un poco en todas partes y, sobre todo, para fortificar lo más que pudo su parcela de independencia de criterio, pese a lo cual se llevó más de un disgusto. Una de las pocas veces que no hizo lo que le venía en gana fue cuando accedió a la petición de una vieja amistad y se metió en política. Acabó siendo alcalde de Becerreá y le cerraron la página con una trifulca más grande que algunas de las que le ocasionó su otra vida, la de viajero por libre.

Por indisciplinado escapa del encasillamiento político como gato del agua. Y los partidos tampoco estaban por la labor. Para los nacionalistas es un señorito con línea directa con El Cid, «para a parte do bloque estalinista, que parece que me quere pasar as contas do que fixo Pardo de Cela». Los socialistas le ven una carga demasiado nacionalista, según le dijo en una ocasión un diputado, «e é certo que eu defendo o dereito de autodeterminación, tamén para as persoas». Por los populares, en su día Victorino Núñez dijo de el que era un auténtico peligro.

Historia y literatura

Ni el mismo tiene claro qué profesión poner. De recién licenciado en Derecho ejerció como abogado y después se dedicó a escribir (ahora se enfrascó en una novela) y a bucear por los archivos familiares. Precisamente, este conocimiento fue el motivo de que una sociedad que asesoraba al Gobierno de Navarra lo llamase, porque tiene acceso y conoce datos de los que carecía la propia Administración autonómica, tras haberse quemado unos archivos de Vera de Bidasoa.

En el verano de 1942, hallándose la señora Díaz de vacaciones en A Coruña, en la calle Valle Inclán, alumbró un niño que con el tiempo seguiría siendo escueto y menudo pero le crecería una larga y blanca barba, y se tocaría a veces con capa y a diario con lentes de montura redonda. Siendo todavía muy pequeño y aficionado a echar mano de capas, sombreros y bastones, vio un retrato de Valle Inclán y le preguntó a su abuela quién era aquel señor que se parecía tanto a el. No tuvo la fortuna de conocer personalmente al mayor de sus dioses literarios, que murió ocho años antes de que el naciese, pero tuvo el testimonio directo de su padre, notario con despacho en Santiago tras haber estado muchos años en Becerreá, que no solamente lo trató, sino que incluso tenían parentesco lejano (algo que no resultaba difícil teniendo en cuenta el tamaño de Galicia y la endogamia de las familias de buena cuna a la hora de casar).

También conoció personalmente a la viuda del escritor, que le causó un efecto tranquilizador y fortalecedor de su admiración confesa por Valle. «No despacho de meu pai coñecín á súa viuda e caín na conta. Dixen: pois resulta que este señor non é un home lonxano, non é soamente un mito; existiu realmente porque aquí está a señora que se deitaba con el». A partir de ahí Pardo de Vera comenzó a estudiar la obra del escritor, en parte estimulado por la cantidad de ascendientes comunes que tenían, según le había comentado su padre, que ya lo había conocido en Madrid de opositor, en las tertulias.

Gerardo empezó a profundizar en la obra de Valle Inclán y comenzaron a llamarlo para actos que, con su semejanza física, pronto lo asociaron a su admirado, así es que Cristina Almeida, compañera de la Facultad de Derecho en Madrid, lo bautizó como Bradomín. Gerardo posa la vista en una faceta que vincula al escritor con la parte más formal de su actividad bohemia: el teatro universitario. Hacía adaptaciones teatrales de las obras de Valle, que a veces no les dejaban representar porque no era personaje bien visto.

Destaca a Javier Serrano y a Darío Villanueva, dos lucenses entre los más grandes valleinclanistas. «Eu préciome de ter estudado bastante a fondo tanto a obra, que está xa para máis grandes especialistas, como a figura humana de Valle Inclán, que tamén é xigantesca pola súa honradez, aínda que tiña un carácter que debía ser inaguantable». Gerardo le reconoce que, pese a la importancia que le daba a la estética, el escritor consideraba el arte como «el juego supremo, pero no podemos dedicarnos a jugar mientras no haya una justicia social en este país». «Dicía tamén: 'no hay más que dos cosas verdaderamente importantes e insustituibles, que son la verdad y la justicia'». «Comparto a estética de Valle pero non é só esa postura, porque tamén aspiro a compartir a súa ética, quizais malamente».

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